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Vitamina D, ¿estamos haciendo algo mal?

Unos buenos hábitos alimentarios siempre van a ser protectores frente a casi cualquier deficiencia o insuficiencia, así como disminuir el riesgo de padecer determinadas patologías.

Pero, ¿siempre es así? La respuesta es NO. De entre todos los macronutrientes (proteínas, carbohidratos, grasas…) y micronutrientes (vitaminas y minerales) hoy nos vamos a centrar en uno que tiene gran importancia y que no únicamente una buena alimentación puede cubrir y evitar déficit o insuficiencia.

Nos referimos a la vitamina D, ¿cuáles son sus funciones? Entre otras destacan las siguientes:

  • Salud ósea (promueve la absorción del calcio),  promoviendo el crecimiento y la mineralización de los huesos
  • Inmunidad, fortaleciendo al sistema inmune en la prevención de infecciones
  • Mantenimiento de una adecuada salud cardiovascular
  • Niveles altos asociados a menor incidencia de cáncer de mama, tiroides y vejiga
  • Mejora de la respuesta insulínica

¿ De dónde la obtenemos?

  • Alimentación: pescados grasos, vísceras, huevos, alimentos enriquecidos y algunos vegetales.
  • Exposición solar

El contenido en los alimentos es realmente escaso, es por ello que por encima del 85% de nuestros depósitos de esta vitamina proceden de la exposición solar.

Se calcula que son necesarios alrededor de 15-20 minutos/día de exposición solar (mediodía-primeras horas de la tarde y sin protector solar) en primavera – verano para cubrir los requerimientos. Parece que no es algo descabellado en nuestro país, no obstante se ha visto que incluso en zonas con muchas horas de luz solar la población presenta niveles bajos. Bien distinto es en invierno, donde el tiempo diario requerido sería superior a las dos horas (teniendo en cuenta que tenemos poca piel expuesta al sol).

Un documento del año 2011 de la Sociedad Española de Investigación Ósea y Metabolismo Mineral (SEIOMM) dictaminó que la población española no alcanzaba los niveles óptimos de vitamina D con la problemática que esto podría conllevar. Concretamente un 30-40% de los jóvenes presentaba deficiencia mientras que en ancianos estos datos incrementaban incluso hasta el 87% (especialmente aquellos institucionalizados), población especialmente sensible con respecto a la salud ósea.

¿Cúal es la solución?

Sería un error concluir con un mensaje de recomendación universal de suplementos de vitamina D.

Lo primero de todo, conviene incluir en nuestra alimentación alimentos que son fuentes de esta vitamina. Además, y especialmente importante como hemos visto, incluir más momentos de ocio al aire libre. De esta forma incrementaremos nuestra exposición solar, ayudando a que pueda haber una mayor síntesis, así como añadir a nuestro día a día más actividad física.

Otro punto sería realizar una analítica que nos indique en qué punto están nuestros niveles en sangre (si se trata de deficiencia o insuficiencia) ya que el abordaje será diferente. Cabe destacar que la recomendación es mantener concentraciones en sangre de 25(OH)vitamina D entre 30 y 50 ng/ml (75-125 nmol/l), según el documento de consenso de 2016 de recomendaciones para población general sobre vitamina D. En base a esto, en caso de necesitarlo, el facultativo correspondiente se encargará de pautar la dosis.

 

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